Dieta Mediterránea, obesidad y sobrepeso

La Dieta Mediterránea, previene eficazmente  obesidad y sobrepeso. A pesar de ser un patrón dietético alto en grasas, ya que este macronutriente puede suponer una parte muy importante de las calorías ingeridas en la dieta, este tipo de dieta se ha relacionado con un mejor control del peso corporal, en comparación, a otros patrones bajos en grasas. Uno de los motivos principales, es que las dietas bajas en grasas son poco palatales, es decir, poco apetecibles y los individuos suelen tener menos adherencia a los patrones bajos en grasas en comparación, a las dietas altas en este macronutriente.

En muchos estudios se ha visto como, con una intervención con este tipo de patrón de dieta alto en grasas, en personas que padecían obesidad, mejoraban los factores de riesgo cardiovascular tradicionales como son el perfil de lípidos, la presión arterial o el control de la glucemia. Algunas investigaciones llevadas a cabo en múltiples países han observado una asociación entre el seguimiento de dieta tipo mediterráneo (poniendo especial atención a la ingesta de frutas, verduras y de aceite de oliva), comprobando como las personas que seguían más estas dietas tenían menos circunferencia de la cintura (parámetro muy importante en la valoración de algunos factores de riesgo para la salud) y menos índice de masa corporal (IMC). Otros estudios realizados, de forma específica, en personas con alto riesgo cardiovascular, vieron como una dieta de este tipo, protegía del desarrollo de la obesidad, en especial, de la obesidad abdominal, la que es más peligrosa y, por lo tanto, a la que hay que prestar más atención. Los efectos beneficios antes comentados también se han visto en niños y en población mayor. Por lo tanto, el efecto beneficioso puede obtenerse en gran medida, incluso en población geriátrica, aunque se adopten estos hábitos en las últimas etapas de la vida. Sin embargo, hay que destacar que la modificación de los hábitos dietéticos es más complicada, conforme la edad de los sujetos es mayor, por lo cual, una adecuada alimentación desde la infancia es un pilar fundamental en la adquisición de unos hábitos saludables respecto al estilo de vida.

Dieta Mediterránea, diabetes, síndrome metabólico y dislipemia

La adherencia a la Dieta Mediterránea se ha relacionado con una disminución del riesgo de desarrollar síndrome metabólico, así como una disminución de los valores de la circunferencia de la cintura, de la glucosa, de los triglicéridos, de los niveles de presión arterial y de unos mayores niveles de colesterol HDL (el que es más beneficioso para la salud), cuando se comparaban los valores en los mismos sujetos antes de adherirse en mayor grado a este tipo de patrón dietético. Por otra parte, se ha observado en múltiples estudios una mejora de la glucosa en ayunas y de la hemoglobina glicosilada, cuando se sigue este patrón de dieta en personas que padecen diabetes mellitus tipo 2 (el tipo de diabetes que está más relacionado con los hábitos saludables). En otros estudios, se ha observado como la pérdida de peso y las mejoras en el control de los distintos parámetros de la glucosa y del riesgo coronario, eran mayores en personas que padecían un exceso de peso y que eran recién diagnosticados de diabetes tipo 2, pero que seguían en mayor medida este tipo de dietas. Por otra parte, se observó como el inicio en el tratamiento con fármacos era más tardío en las personas que más se adherían a este patrón de dieta.

En otras investigaciones, se ha demostrado como seguir una dieta de tipo mediterráneo puede ayudar a prevenir el desarrollo de diabetes mellitus tipo 2 y a mejorar el control glucémico en personas de alto riesgo cardiovascular. En relación con esto hallazgos, en otros estudios se ha demostrado como el consumo de proteína de origen animal estaba asociado con una alta prevalencia de diabetes mellitus entre en personas de edad avanzada. Sin embargo, no se vio esta asociación si la fuente era en forma de proteínas vegetales.

Hay que tener en cuenta que existen algunos estudios en los que además de la dieta, se ha estudiado el efecto del ejercicio físico, viéndose como estos pacientes mejoraban distintos parámetros relacionados con la glucosa de forma más importante. También se han visto estos efectos, en el caso de la diabetes gestacional (diabetes que sufren algunas mujeres durante el embarazo).

Los efectos protectores de este patrón de dieta se han observado con muy buenos resultados, en personas que presentaban un alto riesgo cardiovascular ya que, al realizar una dieta de este tipo, su riesgo de desarrollar síndrome metabólico era menor. De forma especial, se ha visto como los diferentes componentes que engloba el síndrome metabólico se relacionan con la Dieta Mediterránea, es decir, las persona que tienen más perímetro de cintura, más presión arterial, más triglicéridos y menos colesterol HDL, suelen llevar dietas que son menos saludables. En otros estudios en los que se ha relacionado esta dieta con algunos marcadores de inflamación medidos en sangre, también se ha observado este efecto siendo estos marcadores inferiores en las personas que siguen más criterios de Dieta Mediterránea.

Hay que destacar que en algunas investigaciones, cuando se estudia el efecto de los diferentes componentes de la Dieta Mediterránea y estas enfermedades, no se ve el efecto tan protector que tiene esta dieta en comparación a cuando se estudia el patrón en su conjunto. Estos hallazgos apoyan la idea de que los mayores beneficios se obtienen cuando se consumen todos los alimentos beneficiosos a la vez y, por supuesto, menores cantidades de los que son perjudiciales. Por lo tanto, este efecto protector, va más allá de la simple suma de los beneficios de los diferentes alimentos saludables por separado.

Alguno de los componentes de la Dieta Mediterránea que se han asociado de forma específica con mayores beneficios para esta enfermedad, es el aceite de oliva virgen, los frutos secos y los pescados. Estos alimentos debido a sus componentes antiinflamatorios se han asociado a una disminución de los factores de riesgo que padecen estas personas, cuando la ingesta de estos alimentos era mayor. El efecto contario, por ejemplo, se ha observado respecto a la ingesta de bebidas azucaradas y de derivados cárnicos.

Aunque hay muchas evidencias que apoyan las cuestiones anteriormente planteadas, quedan todavía muchas preguntas por responder y muchas cuestiones específicas por aclarar en relación de forma especial, a distintos factores de riesgo de cada una de las enfermedades o al estudio de los factores pronósticos (más intermedios) que las enfermedades cardiovasculares como tal o la mortalidad específica o general.