¿Por qué la cocina se considera arte?

La cocina es arte. Como ser vivo, tienes que alimentarte para sobrevivir. Desde los tiempos de las cavernas, cuando el alimento era la carne de caza cruda, hasta hoy, la cocina ha experimentado una evolución paralela a la del ser humano, pasando de necesidad, a placer.

Desde la época romana se conservan libros y tratados sobre gastronomía. Y ya en el Renacimiento, Leonardo experimentaba con los alimentos. Su padrastro era repostero y le enseñó el oficio. Y esas mismas prácticas Da Vinci las aplicaba a la preparación de sus pigmentos y a la realización de sus maquetas. Hasta tal punto se consideraba cocinero, que en alguna de sus cartas de presentación para conseguir mecenas ponía a la misma altura sus logros en el arte y en la cocina.
¿La cocina es arte o artesanía?

El oficio de cocinero, se transmitía de maestro a aprendiz, en la mayoría de los casos de manera oral. Y las recetas se atesoraban como secreto profesional, como si de alquimia se tratara. Y en cierta forma así es. Porque conjugar alimentos, sabores, texturas, cocciones, temperaturas, para crear algo nuevo y diferente, encierra siempre un misterio.

A la hora de cocinar se conjugan tres sentidos: el olfato, la vista y el gusto. El más básico, el que te guía para detectar si el alimento está en buen estado, es el olfato. El siguiente a la hora de valorar la comida es la vista. Sólo cuando has discernido que está bueno y es atractivo, evalúas su sabor.

En la gastronomía se dan por tanto coincidencias con disciplinas artísticas como pudiera ser la pintura. Pero, ¿podrías elevar un buen cocido, una fabada, un sabroso guiso o incluso una jugosa tortilla de patata a la categoría de arte? Ahora bien, ¿puedes decir lo mismo de los platos de vanguardia?

Y es que la artesanía que encierra toda buena comida casera y tradicional, de conocimiento, de práctica, de talento natural, da un paso más en las elaboraciones de la gastronomía de autor. El sabor da paso a la estética. Y se valora en los platos tanto la disposición de los elementos, como su volumen, color, armonía y texturas.

En la gastronomía de vanguardia, comer se convierte en una experiencia. Superando la necesidad, superando también el placer, la comida pretende ser un viaje que marca un antes y un después. Y los menús se preparan no ya para disfrutar, sino para sorprender, para despertar la curiosidad, para emocionar.

La cocina es pues, ambas cosas. Arte y artesanía. Necesidad y placer. Y sobre todo es una cuestión de gusto. De disfrutar el momento, porque según con quién y donde estés, un huevo frito puede ser tan maravilloso como el plato más exquisito del chef más reputado del mundo. ¿A que sí?